
Después del pedido que el jefe de departamento le hizo a Cipriano, de realizar 1200 muñecas
para que se vendieran, y le pudieran pagar su trabajo, le pidieron también que ordenara
su taller y para hacer más efectiva esa tarea, mandaron un camión que pudiera
ayudarle a Cipriano a organizar con
mayor rapidez su taller y de esta manera pudiera empezar cuanto antes el
trabajo de las 1200 figurillas. Aunque necesitaba más que nunca la ayuda de
alguien y qué mejor que la ayuda de su propia hija Marta, no pudo acudir a
ella, porque Cipriano consideraba que era un trabajo pesado para su hija
embarazada. Por lo tanto, el alfarero
Cipriano puso manos a la obra y al final de un largo y pesado día de trabajo,
tuvo un sueño: Un horno nuevo, de su propiedad, en el cual hace figuras de yeso, pero en un momento ocurre un terremoto por lo que él no duda en ir a
salvar su horno nuevo e intentar repararlo si es que algo le había ocurrido,
sin embargo se da cuenta que no puede moverse, no puede ir tras su horno, no
puede correr. Después de ese angustiante
sueño, Cipriano despierta preocupado, creyendo que ese sueño era la realidad, y
que al estar destruido su horno, sus figuras no podrían estar listas.
Durante el día de descanso de Marcial, él y su esposa Marta,
van a comer con sus padres para darles la noticia del embarazo, y de que él se
iría a vivir con su esposa Marta y su suegro Cipriano . Ellos se molestan por dicha
decisión.
Mientras tanto Cipriano, después de otro día de trabajo, se
queda en su casa leyendo un libro acerca de la historia de los Pieles Rojas y
sus creencias sobre el barro, que ellos habían sido formados por un alfarero,
el cual había soplado un barro perfecto, para así darle vida al hombre. Con esa
historia, sin duda alguna, Cipriano Algor se siente totalmente identificado, se
da cuenta que su trabajo como alfarero es muy parecido, ya que le está dando
forma y “vida” a aquellas muñecas que
estaba elaborando.
REFLEXIÓN:
Como podemos ver, Cipriano Algor ha tenido, hasta aquí, unos
días difíciles y cansados debido a la gran carga de trabajo que tenía. Pero él
disfruta su trabajo, es para lo que él había nacido. Es lo que durante tantos
años ha ejercido, así que ese momento de presión por cumplir con un enorme
pedido de figuras de barro, era algo que él está disfrutando. Se siente útil,
se siente vivo. Todo lo que va aprendiendo lo va empleando en la alfarería.
Se da cuenta de que su trabajo, a pesar de que ha tenido
altas y bajas, debido a que antes el barro era indispensable y ahora ha sido
remplazado por los nuevos materiales de producción, pero que mientras él lo
realiza, se siente vivo. En un mundo moderno como en el que hoy vivimos, esos
lazos con la tradición, con el trabajo y el esfuerzo se han evaporado;
preferimos lo instantáneo, lo inmediato, “la ley del menor esfuerzo” es nuestro
lema. Pero ¿qué hay de este personaje que ha pasado por tantos problemas y sin
embargo, a pesar de ser una persona mayor, sigue esforzándose, trabajando con
el corazón, realizando lo mejor que él puede su trabajo?
Como futuras educadoras, creemos que tenemos un gran reto y
es el ir contra corriente para que con esfuerzo podamos transmitir con el
corazón, no sólo conocimientos, sino prácticas y sentimientos (valores) como bien nos dice
Durkheim (1897), de una generación adulta a una generación joven. Si es lo que
verdaderamente nos apasiona, así como a Cipriano ser alfarero, podremos superar
las dificultades tal como nuestro personaje principal, y sentirnos vivas con lo
que hacemos.